Algunas experiencias espirituales de la Misión Perú Lima Central (2011)

9 agosto, 2012 por  
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Bendiciones en la misión

Algunos misioneros han tenido la experiencia dichosa de recibir noticias del bautismo de sus padres y otros parientes.  También, otros han sido sellados a sus padres durante la misión.

Familia Farfán en el Templo de Lima

El élder Farfán de Cusco, Perú, fue asignado a una misión en México, pero se quedó en la Misión Perú Lima Central unas semanas porque no tenía visa.  Le dije que él sabría por qué debía servir parte de la misión aquí en Lima.  Después de unas semanas en la misión, el recibió noticias de su familia que quería ser sellada en el Templo de Lima y que estaba preparada, pero no tenían fondos para viajar.  La misma semana, dos familias del Barrio de la familia del Presidente y hermana Tyler, de California, llamaron para saber si había una familia con el deseo de ir al Templo por primera vez.  Una de las familias se puso en contacto con la familia Farfán para programar el viaje a Lima, y el élder Farfán fue sellado a su familia una semana antes de obtener su visa y viajar a México.

Élder Alfaro

El élder Ronald Alfaro, de Santa Marta Colombia, fue el único miembro de la familia que se bautizó hace unos años.  Cuando vino a Lima para servir una misión, dejó un Libro de Mormón con su madre, pero ella no tenía interés.  Sin decirle nada, la madre del élder Alfaro comenzó a leer El Libro de Mormón por su propia iniciativa.  Cuando estaba leyendo Alma 22, sobre el Rey Lamoni y su conversión, ella sintió algo muy especial y su testimonio comenzó a florecer.  Justo en ese momento, los misioneros llegaron a la casa de ella.  Ella los escuchó y se bautizó.  Ella, sin decirle nada con anticipación, le mandó una foto del bautismo a su hijo, el élder Alfaro, mientras estaba en la misión.  Fue un momento muy conmovedor para él y para ella.

 

Experiencias por medio del servicio  y la importancia de hablar con todas las personas

El sábado pasado tuvimos un proyecto de servicio en Comas, un distrito de Lima, junto con la Misión Oeste y la Misión Norte, con el propósito de mejorar, limpiar y pintar muros, veredas y postes sobre 10 kilómetros de la Avenida Túpac Amaru.  Después de unas horas de trabajo, un Sereno (Policía Municipal) me preguntó si los misioneros podían pintar su puesto.  Hablé con Elder Santiváñez de Bolivia, quien mide 2 metros y podía alcanzar la parte más alta del puesto, y él hizo el trabajo con bastante ánimo.

Un señor estaba conversando con el Sereno y me dijo: “Es impresionante ver jóvenes de otros países trabajando tan duro para mejorar nuestra comunidad.  Ni siquiera nosotros lo hacemos.  ¿De dónde son ustedes?” Le hablé de la Iglesia, de los misioneros y El Libro de Mormón.  Él me dijo que estaba visitando a su madre y cuñado para dejar unas cosas para ellos.  Su cuñado no estaba y él nos había estado observando mientras esperaba a su cuñado. El Sereno me dijo que había una razón por la cual su cuñado no estaba.  Ambos me dieron su nombre e información para tener una visita de los misioneros.  El amigo del Sereno me dijo que había sido boxeador en su juventud para salir de las influencias malas de las pandillas, pero buscaba algo mejor para sus hijos.  Dijo que quería participar en actividades parecidas con sus hijos.  Le expliqué como él podía participar, y los élderes le van a visitar esta semana.  El señor me dijo que la conducta de los misioneros fue excelente, y que él estuvo impresionado con el “joven gigante” y como él cumplió tan rápido con la solicitud de pintar sin quejarse.

El élder Thurgood y élder Zapata contaron lo siguiente:

“Un día estábamos caminando en la calle cuando una señora nos habló preguntándonos quiénes éramos. Cuando explicamos que éramos misioneros de la iglesia, ella dijo que quería bautizarse. Dijo que su mamá era miembro en España y que ella había leído los principios del Evangelio. Luego ella nos preguntó: ¿Por qué no hablan con todos en la calle?  Siempre nos veía caminando, apurados y tenía miedo de acercarse a nosotros. ¡Qué lección tan fuerte! De hecho, tenemos que hablar con todos.

La importancia de seguir las impresiones del Espíritu:

Los élderes Cereceda y Wayment dijeron:

“Mientras estábamos yendo a una noche de hogar, sentí la necesidad de contactar a las personas  en un parque. Al principio no hice caso de esta necesidad, pero luego me di cuenta y pude tener en mi mente la imagen de una persona sentada en el parque. Hablé con mi compañero y fuimos al parque. Donde estábamos buscando, no pudimos ver a nadie. Cuando ya estábamos por salir de allí, sentimos la necesidad de pasar al otro lado del parque y encontramos a una persona sentada. Cuando llegamos ahí, me vinieron a la mente las palabras: ‘Somos misioneros de la Iglesia de Jesucristo y estamos aquí para ayudarle.” Pronuncié esas palabras que habían pasado por mi mente. El hombre empezó a llorar y nos preguntó si en verdad podríamos ayudarle. Él estaba orando para que Dios mandara ayuda y ha pedido otra cita. Esa fue la primera vez en la misión en que escuché una voz en mi mente y pude ver en mi mente al hombre sentado en el parque.

La hermana Delgado y la hermana Shupe cuentan:

“Antes de las entrevistas que tenemos, sólo teníamos diez minutos para hacer proselitismo.  A pesar de ese poco tiempo, sentíamos la necesidad de salir a encontrar una persona que necesite escucharnos. Tomamos un Libro de Mormón en la mano y salimos.  Al llegar a nuestro sector tocamos la primera puerta. Salió una joven de 22 años, le presentamos el Libro de Mormón y hablamos de la visita de Jesucristo a las Américas. Le pregunté a ella si había sentido el amor de Dios en su vida. Ella dijo que no y comenzó a llorar. Testificamos que Dios la amaba y por eso estábamos allí, para hacerle entender que Dios no la había olvidado. Es importante seguir las impresiones del Espíritu.  Solo tuvimos que tocar una puerta para encontrar una persona que nos necesitaba”.

La importancia de acudir al Señor en oración para encontrar y consolar a Sus hijos:

La hermana Delgado y la hermana Shupe contaron lo siguiente:

“Este jueves al despertarme, sentí el enorme deseo de hablar con mi Padre Celestial en oración. Estaba un poco preocupada porque no teníamos ningún investigador con fecha bautismal y sentí la necesidad de suplicar ayuda divina. Le pedí a mi Padre que nos permitiera ver milagros en este sector y Él respondió de inmediato. Por la noche del mismo día, visitamos a un investigador renuente, que no había aceptado el Libro de Mormón y cuestionaba todo lo que le enseñábamos. Le habíamos dejado la asignación de leer Alma 32 y, al llegar, él era una persona diferente.  Había leído y aplicado ese capítulo a su vida. Cuando hablamos del bautismo y cuando lo invitamos a bautizarse, el aceptó.  Su hijo también participó de la lección y cuando su papá dijo que quería bautizarse, él dijo que también quería bautizarse. Ese fue el primer milagro.  Durante los días siguientes de la semana vimos más milagros y ahora tenemos 6 investigadores con fecha bautismal”.

El élder Prince y el élder Apaza dijeron:

“En Elio, un investigador nuestro fue a la transmisión de la Conferencia General.  A él le gustó mucho la conferencia y le visitamos un día en la noche para prepararle para el bautismo. Cuando entramos en la casa había un muy mal espíritu. Él hermano comenzó a gritar y a decir cosas feas, inclusive que no quería bautizarse.  Mi compañero hizo la sugerencia que oráramos de rodillas. Nos arrodillamos y en oración preguntamos si José Smith era un profeta de Dios. Después de esperar un periodo largo una vez que terminamos la oración, él dijo en voz apacible: ‘Discúlpenme hermanos, lo que dije no era apropiado y no va a suceder de nuevo’. El mal espíritu malo abandonó el cuarto y el cuarto se lleno del Espíritu Santo. El hermano dijo que sabía que José Smith fue un profeta y ya quería bautizarse”.

El élder Campero y el élder Velásquez narran:

“Yo y mi compañero sentimos la necesidad de visitar a una familia que habíamos enseñado antes. Fuimos a la casa de ellos y la hermana nos vió y bajó para abrir la puerta. Al verla, vimos que tenía un semblante decaído de dolor y lágrimas en los ojos. La hermana nos hizo pasar. Pasamos y ella comenzó a contar sus problemas. Dijo que sentía que Dios la había abandonado, y en ese momento iba a tomar unas pastillas para suicidarse porque pensaba que Dios ya no la amaba. Tratamos de alentarla y le dimos una bendición de consuelo. Con lágrimas ella dijo que entendía que Dios la amaba realmente porque le había mandado misioneros para visitarla. Hablamos con ella luego y dijo que se sentía mejor.  Hemos visto que Dios realmente quiere a Sus hijos y nos manda a consolarlos y ayudarlos como misioneros”.

La importancia de confiar en que el Señor contestará sus oraciones

Dos hermanas tenían un bautismo planeado a las tres de la tarde, pero la pila bautismal no funcionaba, el agua estaba sucia y no había quien la arreglara.  Cuando las hermanas llegaron a las tres a la capilla con la esperanza de encontrar la pila llena, la pila bautismal estaba vacía.  A las cuatro había una actividad de JAS y el bautismo tenía que terminar antes. Las misioneras hicieron una oración. Mientras estaban arrodilladas pudieron escuchar caer el agua con mucha fuerza en la pila bautismal. Terminaron de orar y fueron a ver bastante agua llenando la pila. Pudieron hacer el bautismo y todo salió bien.

Los misioneros sienten la protección del Señor mientras están en el campo misional

Un élder sintió la necesidad de salir de la capilla y hablar con la gente en la calle, con su compañero, después de salir de una reunión sacramental.  Salieron y vieron un hombre con dos jovencitas que parecían ser sus hijas; los élderes les invitaron a la Iglesia y les preguntaron si sabían algo de la Iglesia.  El señor dijo que no.  Los élderes les hablaron del Evangelio y la restauración.  Las jóvenes dijeron que querían entrar.  El hombre dijo algo al oído de una de las jovencitas, le dio una revista a ella, dijo que no podía asistir en esa ocasión y se fue.  Las jóvenes entraron y una dijo que era miembro y que la amiga no lo era todavía, pero estaba viniendo a la Iglesia.  El misionero no pudo entender porque había sentido la necesidad de ir a la calle, hasta que la joven miembro dijo que el hombre no era su padre, sino un ladrón que las estaba asaltando con una navaja.  Después de escuchar al misionero, el hombre dijo al oído de la joven que lo disculpara, que nunca iba a hacer algo parecido de nuevo y le dio una revista con la navaja adentro.  Las hermanas abrieron la revista y dieron la navaja a los élderes y dijeron que no la iban a necesitar.

El élder Echeverría y el élder Mendoza dicen:

“Cuando estábamos en la calle un día, una moto-taxi se detuvo a nuestro lado y una persona nos dijo que nos paráramos contra la pared.  Otro bajó de la moto-taxi y nos apuntó con algo.  Yo y mi compañero nos asustamos porque sabíamos que nos iban a robar.  Vino a mi mente lo que el Presidente había dicho, que él estaba orando por nosotros, y el ladrón nos miró, se detuvo y ya no dio un paso más. Luego dio la vuelta y se fue.  Sé que Dios estaba contestando nuestras oraciones”.

En otra ocasión, dos élderes estaban caminando en la calle y alguien le robó la billetera a uno de ellos. El ladrón se fue corriendo y de repente, se detuvo, miró hacia atrás y se dio cuenta de que eran misioneros y gritó: “¡Disculpen!” y devolvió la billetera.  Las personas los reconocen como siervos de Dios.

Experiencias con el Libro de Mormón

Después de inundar la Misión con El Libro de Mormón, varios misioneros han tocado las puertas de personas que han expresado interés en escuchar a los misioneros porque ya tenían un Libro de Mormón en casa, incluyendo una estudiante en la universidad que había leído la mayoría del Libro de su abuelo cuando llegaron los élderes.  Ella pidió el bautismo poco después de tocar su puerta los élderes.

El élder Mitchell y el élder Villalobos relataron:

“Encontramos a unos miembros en la calle que estaban caminando con su amigo. Entregamos un Libro de Mormón al amigo de ellos y él dijo que iba a leerlo. Cuando lo visitamos una semana después, el había leído hasta Alma 23.  Le preguntamos si él tenía algunas preguntas y el dijo que si, una, ¿qué tengo que hacer para ser bautizado?  El Libro de Mormón es poderoso y un maestro impresionante”.

Unas misioneras encontraron un hombre que estaba leyendo La Biblia en una banqueta.  Las misioneras explicaron del Libro de Mormón.  El señor dijo que estaba buscando un cambio en su vida.  Al día siguiente las hermanas encontraron el hombre llevando su Libro de Mormón. Cuando las hermanas le preguntaron “¿y su Biblia?” él dijo que su Biblia cuidaba su hogar, pero que el Libro de Mormón le cuidaba a él.

Sobre el Presidente Stephen Tyler y su esposa, la hermana Donna Tyler

El Presidente Stephen Tyler y su esposa, la hermana Donna Tyler terminaron su tercer año al servicio del Señor el 30 de junio de 2011. Están muy felices de estar sirviendo en el Perú, donde el Presidente Tyler sirvió cuando era un joven. Antes de esta asignación, ambos tuvieron la oportunidad de recorrer el área de la misión Perú Arequipa donde sirvió el Presidente Tyler y ver a muchas de las personas a quienes enseñaron, activas en el Evangelio, habiéndose sellado en el templo y con hijos en la misión.

Los esposos Tyler tienen 6 hijos, cinco de los cuales han servido en una misión. Melissa, su hija menor está estudiando actualmente en la Universidad Brigham Young.

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