¿No acabó la Crucifixión de Jesús con la necesidad de construir templos?
Cuando Jesucristo murió en la cruz, el velo del templo se rasgó en dos para simbolizar que la crucifixión de Jesucristo abrió el camino para que toda la humanidad habite en la presencia de Dios. El Evangelio de Mateo dice: “Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Mateo 27:51). Algunas personas suponen que esto representaba al templo y, por tanto, que los templos mormones ya no son necesarios.
Los Apóstoles de Jesucristo no creían eso puesto que continuaron asistiendo frecuentemente al templo después de la resurrección de Jesús. En Hechos 2:46, leemos, “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón”. En Hechos 3, Pedro y Juan predicaban y sanaban en el Templo en Jerusalén, al igual que Jesús lo había hecho. Pablo en sus epístolas dirigidas a los cristianos primitivos menciona en varias ocasiones el templo y usa su simbolismo para ilustrar el Evangelio de Jesucristo. De hecho, el mismo Pablo con frecuencia visitaba el templo en Jerusalén. En Hechos 21:26, leemos, “Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos”.
En Hechos capítulo 22, Pablo tuvo una visión de Jesucristo cuando se encontraba orando en el templo mediante la cual el Señor le ordena dejar la ciudad y comenzar a predicar entre los gentiles (Hechos 22:21). Por esto se conoce a Pablo como el Apóstol de los gentiles. En Apocalipsis 7:15, leemos que aquellos que se han salvado sirven a Dios de día y de noche en su templo.
Dios siempre ha mandado que sus hijos construyan templos para realizar ordenanzas sagradas. Cuando Jesús murió, la antigua Ley de Moisés desapareció con él, pero fue sustituida por la ley del Evangelio. Leemos en Hebreos capítulo 7 que Jesús era un sacerdote según el orden de Melquisedec (Hebreos 7:11) y que con el final del sacerdocio Levítico, que acabó con la Ley de Moisés, el sacerdocio fue cambiado al orden de Melquisedec al igual que la ley había cambiado. Hebreos 7:12 dice: “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”. Pedro también menciona este sacerdocio en 1 Pedro 2:5:
“Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”.
Así, podemos ver que aunque los apóstoles de Jesucristo tuvieron este nuevo sumo sacerdocio, aún honraban el Templo porque sabían que Dios todavía ordenaba al género humano su construcción, pero con fines diferentes pues una nueva ley se había dado. En las revelaciones modernas dadas al Profeta José Smith, aprendemos que una de las ordenanzas realizadas en estos templos según el orden de Melquisedec es el bautismo por los muertos, que Pablo menciona en 1 Corintios 15:29: “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?”
El Profeta José Smith dijo:
Además, en relación con este pasaje, os citaré las palabras de uno de los profetas que tenía fija su vista en la restauración del sacerdocio, las glorias que se habrían de revelar en los postreros días, y de una manera especial, en este tema, el más glorioso de todos los que pertenecen al evangelio sempiterno, a saber, el bautismo por los muertos; porque dice Malaquías en el último capítulo, versículos cinco y seis: He aquí yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.
Pude haber dado una traducción más clara de esto, pero para mi objeto tiene suficiente claridad tal como está. Basta saber, en este caso, que la tierra será herida con una maldición, a menos que entre los padres y los hijos exista un eslabón conexivo de alguna clase, tocante a algún asunto u otro; y he aquí, ¿cuál es ese asunto? Es el bautismo por los muertos. Pues sin ellos nosotros no podemos perfeccionarnos, ni ellos pueden perfeccionarse sin nosotros. Ni tampoco podemos nosotros ni ellos perfeccionarnos sin los que han fallecido en el evangelio; porque al iniciarse la dispensación del cumplimiento de los tiempos, dispensación que ya está comenzando, es menester que una unión entera, completa y perfecta, así como un encadenamiento de dispensaciones, llaves, poderes y glorias se realicen y sean revelados desde los días de Adán hasta el tiempo presente. Y no sólo esto, sino que las cosas que jamás se han revelado desde la fundación del mundo, antes fueron escondidas de los sabios y entendidos, serán reveladas a los niños pequeños y a los de pecho en ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos. (Doctrina y Convenios 128:17-18).
Por lo tanto, aunque los templos antiguos y los templos mormones modernos tienen una función ligeramente diferente, pues uno se encontraba bajo la ley mosaica y el otro bajo se encuentra bajo la ley del Evangelio, finalmente ambos se centran en Dios, nuestro Padre Celestial y en Jesucristo. Los templos modernos, al igual que los antiguos, son espacios sagrados donde el pueblo hace convenios con Dios y donde recibe gran sabiduría y fuerza espiritual. El rasgado del velo del templo simbolizaba que la muerte de Cristo es el camino a la salvación, pero como demuestran las acciones de los Apóstoles, eso no disminuyó la reverencia que los cristianos primitivos sentían por el templo. De hecho, el Nuevo Testamento está lleno de referencias al templo. En ese entonces como ahora, el templo servía como un lugar apartado del mundo para adorar y realizar ordenanzas sagradas que nos acercan a Dios y a Jesucristo.

