Hallar la verdad
Noviembre 20, 2008 by Delmy
Filed under Enseñanzas, General
Hallar la verdad
Puede ser difícil saber qué es verdad. En esta era de la televisión por satélite e Internet de banda ancha, somos bombardeados con más información de la que podemos realmente procesar. Nuestros sentidos están sobrecargados con información. Parece no haber más espacio para la fe o para Dios. Así que, ¿cómo empieza a creer uno? No existe un método científico que lleve a una persona a tener fe en Dios, pero las escrituras, la Biblia y el Libro de Mormón nos dan algunas pistas.
Pablo dijo, “la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. (Hebreos 11:1). A veces, para ganar la fe, tenemos que empezar por esperar que algo sea verdad. En el Libro de Mormón, un profeta llamado Alma dio un sermón sobre cómo desarrollar la fe. Alma dice que la fe es “tener esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas” (Alma 32:21, Pág. 289). Para empezar a tener fe, primero debemos ser humildes. Ser humilde significa reconocer que somos imperfectos o que hemos cometido algunos errores. Significa reconocer que no somos capaces de resolver todos nuestros problemas y que necesitamos la ayuda de otros. Necesitamos, de hecho, la ayuda de Dios.
Tenemos que experimentar con la fe. Alma dice: “mas he aquí, si despertáis y aviváis vuestras facultades hasta experimentar con mis palabras, y ejercitáis un poco de fe, sí, aunque no sea más que un deseo de creer, dejad que este deseo obre en vosotros, sí, hasta creer de tal modo que deis cabida a una porción de mis palabras.” (Alma 32:27, Pág. 289). Para probar este experimento, primero tenemos que encontrar algo en que podemos creer. Si podemos esperar creer en algo, como Dios, Jesucristo como Salvador, y así sucesivamente, entonces podemos “experimentar” como dice Alma. ¿Cómo se puede experimentar con una creencia? En primer lugar, debe estudiar al respecto, leer las escrituras. Lea el Libro de Mormón, en especial 3 Nefi 11 (Pág. 427), donde Jesucristo visita a la gente. Reflexionar sobre el significado de las palabras y lo que significaría para usted si fuera cierto. Por ejemplo, reflexionar sobre lo que significaría si realmente Jesucristo murió por usted y resucitó. ¿Qué significa esto para usted?, ¿Cómo afecta su vida? Reflexione sobre el Libro de Mormón. ¿Cómo cambiaria su vida si el Libro de Mormón fuera cierto? ¿Se unirías a la Iglesia Mormona?, ¿Cambiaría la manera en que vive su vida? ¿Cómo se siente cuando piensa que Dios le conoce personalmente y se preocupa por usted? ¿Eso cambiaría su vida?
A medida que reflexiona sobre todas estas cosas, debe orar y seguir estudiando las escrituras ¿Cómo una persona ora sobre unas preguntas. Pablo dijo, “por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” (Filipenses 4:6). Nuestras oraciones no deben ser frases memorizadas, sino una verdadera conversación con nuestro Padre Celestial. Para orar:
- Diríjase a Dios (por ejemplo: Querido Padre Celestial, Nuestro Padre en el Cielo)
- Dele las gracias por sus bendiciones (alimentos, familia, seguridad, etc.)
- Pídale lo que necesite, hágale preguntas
- Termine en el nombre de Jesucristo y con Amén
A través de la oración podemos encontrar respuesta a las preguntas, si dejamos que el Espíritu Santo nos influya. Jesús enseñó que el Espíritu Santo conduce a la verdad (Cf. Jn 14:26). A medida que reflexionamos y estudiamos las enseñanzas en el Libro de Mormón, sentiremos el poder del Espíritu Santo. Traerá ideas a su mente, le dará claridad de pensamiento y traerá paz a su alma. Cuando sienta esto, sabrá que el mensaje que está estudiando es cierto, pero para seguir sintiendo esta paz y amor, debe actuar. Alma, continuando su discurso sobre la experimentación con la fe dijo:
Compararemos, pues, la palabra a una semilla. Ahora bien, si dais lugar para que sea sembrada una semilla en vuestro corazón, he aquí, si es una semilla verdadera, o semilla buena, y no la echáis fuera por vuestra incredulidad, resistiendo al Espíritu del Señor, he aquí, empezará a hincharse en vuestro pecho; y al sentir esta sensación de crecimiento, empezaréis a decir dentro de vosotros: Debe ser que ésta es una semilla buena, o que la palabra es buena, porque empieza a ensanchar mi alma; sí, empieza a iluminar mi entendimiento; sí, empieza a ser deliciosa para mí. He aquí, ¿no aumentaría esto vuestra fe? Os digo que sí; sin embargo, no ha llegado a ser un conocimiento perfecto. Mas he aquí, al paso que la semilla se hincha y brota y empieza a crecer, entonces no podéis menos que decir que la semilla es buena; pues he aquí, se hincha y brota y empieza a crecer. Y, he aquí, ¿no fortalecerá esto vuestra fe? Sí, fortalecerá vuestra fe, porque diréis: Sé que ésta es una buena semilla; porque, he aquí, brota y empieza a crecer. (Alma 32:28-30, Pág. 290).
Debemos regar esta semilla guardando los mandamientos de Dios y al seguir ayunando y orando a Dios. La fe viene por el Espíritu como un regalo para los que esperamos y oramos a Dios. Pablo describe lo que el Espíritu Santo siente cuando nos da fe de que algo es cierto: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” (Gálatas 5:22-23). El Espíritu nos llena de amor, paz y fe, y nos ayuda a amar más plenamente a los demás. A medida de que sentimos esta influencia en nuestra vida, sabremos que las opciones que estamos tomando son las correctas. Puede haber temor al iniciar algo nuevo, pero también existe la paz de saber que estamos haciendo lo correcto. En su epístola a los Hebreos, Pablo escribió lo siguiente para confortar a los nuevos conversos a la fe:
Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante. Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. (Hebreos 10:32-36).
Todos los nuevos conversos a la Iglesia Mormona enfrentarán obstáculos. A veces estos vienen para poner a prueba nuestra fe o para darnos la oportunidad de crecer espiritualmente. Todo el mundo pasa por pruebas. Tenemos que seguir adelante con fe en Jesucristo, confiando en que Él nos salvará cuando hagamos lo que nos manda. La promesa es que si confiamos en Él y tratamos de mantener sus mandamientos Él nos ayudará con su gracia y al final, nos dará un lugar en el cielo con Él y su Padre.
