Crystal busca la verdad
26 enero, 2009 por admin
Archivado bajo Relatos de conversión
Búsqueda de la verdad por Crystal Champion
Estoy segura que ahora he encontrado la verdad que estuve buscando por la mayor parte de mi vida.
No fui criada en un hogar muy religioso y la verdad es que en mi infancia y en mis años de adolescencia rara vez asistimos a la iglesia. Sé que mi madre quería que la iglesia fuera parte de nuestras vidas, ya que ella fue criada en un hogar muy religioso y siempre asistía a la iglesia. Además, puedo dar crédito que mi madre trató de llevarnos, pero también ponía muchísimas excusas con respecto al por qué nunca podíamos ir. Esto fue difícil para mí porque desde mis primeros años en la Escuela de Vacaciones de la Biblia había podido comprender las palabras que se encontraban en las Escrituras.
Aunque nunca fui a la iglesia con mi familia, cuando tenía 17 años empecé a asistir frecuentemente. Asistí a la iglesia sólo porque mi amiga y yo cantábamos en el coro y ella me llevó a rastras al primer ensayo y dijo que me iba a encantar. Ella tenía razón y empecé a investigar sobre la Iglesia Católica después de asistir frecuentemente a cada misa en donde el coro cantaba. Pensé que debería hacerme miembro de la iglesia, porque todos los miembros del coro pensaban que yo debería hacerlo ya que me veían allí todo el tiempo y parecía que lo disfrutaba. Llegué hasta a pedir que una pareja fueran mis padrinos y comencé a hablar con el diácono a cargo de los bautizos sobre todas las costumbres y las enseñanzas de la Iglesia. Mientras hablaba con el diácono tuve una sensación extraña y pensé que esta iglesia no era para mí, pero yo no quise decirle a nadie sobre esto porque todos me estaban presionando para que me bautice. Nunca fui bautizada y estoy agradecida por eso, porque hubiera sido muy infeliz.
Antes de empezar a cantar en el coro, había estado pasando por momentos muy duros y siempre recuerdo que las personas decían que lo que me había sucedido era porque el Padre Celestial sabía que yo podía manejar la situación y que tendría la capacidad de ayudar a otras personas a manejar la misma situación. No tenía ni idea de por qué sabía eso, pero sabía y no tenía miedo de decirles a las personas más cercanas a mí.
Por casualidad, encontré a las hermanas misioneras mormonas a inicios de otoño de 2003, mientras estaba cuidando a un niño para la madre de un amigo de la familia, quien estaba enferma. Escuché que alguien tocó la puerta y al abrirla vi a las jóvenes damas paradas delante de mí y me hicieron una pregunta, las invité a entrar a la casa y hablamos. Las dos misioneras eran la hermana Andrea Bayles y la hermana Brooke Bessilever. Sólo me reuní con ellas pocas veces antes de que una de ellas fuera enviada a casa por problemas de salud y la otra hermana fuera enviada a Horseheads. Antes de irse, ellas fueron a despedirse y contarme lo que estuvo sucediendo pero no estuve en casa en ese momento y una de las dos hermanas pensó que se iría sólo por tres semanas hasta el siguiente cambio.
Nunca recibí su mensaje y sólo asumí que ellas no supieron cómo reaccionar al incidente que mi padre las hizo pasar la segunda vez que vinieron a verme. Así que continué con mis estudios y no pensé más sobre eso. Aproximadamente después de 2 a 3 meses, dos nuevas hermanas misioneras se presentaron amablemente en la puerta de mi casa tratando de ubicarme por una o dos semanas. La Hermana Carly Felice y la Hermana Dawn Vanlandingham vinieron a mi casa una noche y mi mamá les dijo que iba a llegar a casa en aproximadamente una hora. Decidieron rodear toda mi calle y así finalmente me encontraron. Parecía que ellas siempre venían a mi casa cuando yo estaba en la universidad o en el ensayo del coro o cuando estaba haciendo algo por la Iglesia Católica local. Para ser honesta, yo me habría rendido si hubiera estado en su caso, pero estoy feliz de que no lo hicieran. No sólo trataron de mantenerse en contacto conmigo, sino también hicieron que los élderes trataran de ubicarme, pero no pudieron encontrar mi casa. Aproximadamente después de una semana, la Hermana Vanlandingham fue trasladada y la Hermana Rebekah Nuttall la sustituyó. Fue de esa manera como las cosas empezaron a cambiar para mí y donde encontré a dos amigas para toda la vida.
La primera vez que me reuní con la Hermana Felice sabía que la iba conocer y también tuve la misma sensación la primera vez que me reuní con la Hermana Nuttall. No sé de dónde vino este sentimiento, pero sabía que había encontrado a dos de mis amigas más cercanas y sabía que iba a conocerlas porque recordé un sueño de cuando yo tenía aproximadamente 5 años y cuando las vi fue como revivir ese sueño.
Ahora, les diré que les tomó tiempo a las hermanas pedirme desde la primera reunión hasta días previos de Navidad que asista a la iglesia. Y debo decir que la única razón por la que fui fue porque ellas me llamaron y me dijeron que alguien iba a estar ahí a las 7:45 a.m. para recogerme y que yo iba a cantar en el programa de Navidad. Debo decir que lo que hicieron fue algo bueno porque de lo contrario no iba a asistir a esta iglesia, ya que me iba a sentir culpable por no cantar en el Coro Católico, al cual yo pertenecía y no había perdido ni una sola misa en la que el coro cantaba durante los tres años que había formado parte de él. Debo decir que conseguir que vaya a la iglesia fue lo que realmente hizo que quisiera unirme a ella, porque los miembros de Liverpool Ward eran y son muy amables, amorosos y acogedores. Ellos me dejaron cantar en el coro, aunque no sabía ninguna de las canciones y en realidad tuve que aprender todo el programa en apenas 45 minutos.
En el siguiente servicio al cual asistí, el director del coro me preguntó si me gustaría cantar un número musical especial con ellos, en un pequeño grupo y yo dije que sí quería. Sorprendentemente esto sucedió un domingo antes de ser bautizada. Ya cuando las hermanas me preguntaron si quería ser bautizada, yo contesté enseguida que sí; sin embargo, estaba muy nerviosa y asustada, ya que aunque sabía que todo lo que me habían enseñado era verdad –y en realidad, lo sabía desde el principio– tenía miedo al rechazo, el cual yo estaba segura iba a suceder cuando diera este paso tan importante y también creo que estaba incómoda haciendo algo que me hacía feliz para tener un cambio.
Sin embargo, antes de pasar mi entrevista para ser bautizada, sentí que necesitaba informarles algo y también obtener la opinión de la Iglesia sobre algo que me había sucedido. No les dije yo misma, tenía una amiga –que irónicamente fue la persona a quien le había pedido que fuera mi madrina– quien tomó el tema para decirles por mí, por qué yo no sabía cómo decirles que había sido violada muchas veces. Ahora la pregunta que les hice fue ¿Cómo la Iglesia considera a una persona víctima de violación, como una víctima o como una persona que se lo merecía? Cuando ellas dijeron que la Iglesia no culpa a la víctima, hizo mucho más fácil mi decisión de ser bautizada.
Lo último que sucedió para que mi elección de ser bautizada fuera la correcta fue la bondad y la compasión que ellas me mostraron el día en que se enteraron todo lo que pasé y el amor que me mostraron después de enterarse de lo sucedido. Eso fue todo lo que necesitaba saber, que estaba en lo correcto, necesitaba estar entre personas que aman a pesar de todo. También sabía que yo no tenía que cambiar lo que realmente era, porque me sentía que era aceptada y que ellos no me juzgarían por la forma como era.
¡Ahora para mi bautismo! El día que fui bautizada, fui temprano al centro de reuniones para hablar con las hermanas y ayudarlas con los preparativos. Estuve ahí con ellas aproximadamente una hora y después regresé a casa para comer y alistarme. Todo el día no sentí nada de nervios, sólo me sentí emocionada y ansiosa; luego regresé al centro de reuniones, me cambié de ropa y las hermanas misioneras me tomaron entre 5 a 10 fotos antes de ser bautizada. Tan pronto como me cambié de ropa, empecé a ponerme muy nerviosa y no podía sentarme por mucho tiempo, por lo que decidí caminar por todo el ambiente y el edificio hasta que pude sentarme más tranquila. Las hermanas hicieron mucho por mí, ellas escogieron a todos los oradores y al caballero que me bautizaría. Me sorprendió que ellos se tomaran todo ese tiempo de sus ocupados horarios para arreglar, básicamente, todo el bautismo.
Antes de ser bautizada, todos cantaron y eso realmente me sorprendió porque no esperaba que ellos hicieran tanto para ese bautismo. Estoy muy agradecida que lo hayan hecho porque hicieron que ese momento sea mucho más memorable para mí, ya que nunca nadie se había ofrecido para cantarme. Siento que el Padre Celestial verdaderamente me bendijo con las dos misioneras que necesitaba para encontrar la verdad y que me llevaron a Su Iglesia. Sé que las dos misioneras, a quienes afortunadamente tuve la suerte de tenerlas en mi vida, fueron las que necesité para que trajeran la luz a mi vida y me saquen de la oscuridad que había comenzado a controlarme. Todos los misioneros que me enseñaron son muy personas a quienes aprecio y sé que todos ellos estaban destinados a estar en mi vida.
También sé que el hermano que me bautizó era el que debía, ya que lo conocía aproximadamente por 5 años y aunque no sabía que era miembro de la Iglesia mormona, cuando descubrí y me preguntaron si quería ser bautizada, sabía que quería que él llevara a cabo el bautismo. Por lo tanto, a medida que el Hermano Chistman-McArty y yo entramos a la pila bautismal, la cual lamentablemente estaba muy fría debido a que el tanque de agua caliente se había malogrado, yo estaba nerviosa y con frío. Soy una persona muy tímida, así que el hecho de tener a 20 o 30 personas mirándome no alivió mis nervios y sentía que quería acabar con todo eso para que las personas ya no me observaran. Fui bautizada y cuando salí sacudí la cabeza porque el agua estaba demasiado fría, y eso arrancó la risa de todos ellos, incluso los misioneros.
Bien, tengo que decir que lo siguiente que hice fue un poco tonto, salí por el lado equivocado y después tuve que regresar y cruzar la pileta para ir por el lado apropiado para que de esa manera me pudiera cambiar. Me tomó un poco más de lo usual cambiarme debido a que me dijeron que podía tomarme mi tiempo. Lo hice y cuando regresé a la sala, me saludaron afectuosamente y me preguntaron cómo me sentía, yo contesté “con frío”. Estoy muy agradecida con todas las personas encantadoras que hablaron y cantaron en mi bautizo, además estoy agradecida de que las hermanas fueran tan serviciales en reunir todo.
El domingo siguiente después de mi bautizo, que fue el jueves 8 de enero de 2004, fui muy bendecida también por ser testigo de la bendición de un bebé, además de cantar una canción especial con un grupo pequeño. Se me pidió que cantara esto antes de ser bautizada, lo cual fue un poco extraño para mí ya que normalmente las iglesias no piden a una persona que no sean miembros cantar en un número especial. Pensé que esto fue muy emocionante y después de que fui confirmada por el Obispo Alan Taylor y otras dos personas, canté y pienso que esto fue la mejor bienvenida que pude haber tenido. Estoy tan sorprendida que yo haya hecho eso sin preocuparme de la reacción de mi familia.
Debo decir que yo estaba muy feliz de que mi madre, mis dos hermanas y nuestro vecino asistieran al bautismo y mi madre asistiera a mi confirmación. Realmente, no esperaba que ellos asistan, debido a los pensamientos negativos que ellos tenían sobre la Iglesia, por lo que la gente decía y las cosas negativas que están en Internet. Toda la semana previa a mi bautizo y confirmación, sentía que me sacaba todo el peso del mundo que llevaba sobre mis hombros y la oscuridad que una vez invadió mi mente y mi corazón se convirtió en una gran y gloriosa luz. Nunca podré pagar a las misioneras, quienes fueron una parte integral de mi salud espiritual y emocional, por toda la fe y el amor que ellas tienen por todas las personas y el Evangelio. Les debo mi vida en muchos aspectos y aún me mantengo en contacto con todas ellas.
Me gustaría decirles a todos quienes lean este testimonio y que no estén seguros si La Iglesia SUD (Mormona) es la verdadera, que sé sin duda alguna en mi mente y corazón que lo es. Estoy muy agradecida que el Padre Celestial me diera la oportunidad de escuchar el evangelio restaurado a través de Sus bondadosos misioneros mormones. Quiero decirles a todos los misioneros que al leer esto sepan que ellos causan un impacto en todas las personas que los rodean, incluso cuando parece que nadie está notando la verdad que ustedes poseen. Sé que Joseph Smith fue un profeta y que Gordon B. Hinckley es el actual profeta. Sé que el Evangelio es verdadero y que los principios que se enseñan pueden y llevarán gozo y felicidad a su vida, de la misma forma como cambiaron la mía. Sé que el Padre Celestial sólo nos da lo que nosotros podemos manejar y todo el dolor que hemos pasado Él lo ha sufrido. Quiero a esta Iglesia con todo mi corazón y sé que le puede ayudar tanto, si no es mucho más, como me ha ayudado.
Quiero dar las gracias al Padre Celestial, a los misioneros y a todos los miembros de esta encantadora Iglesia Mormona que me han enseñado que hacer lo correcto es siempre lo que se debe hacer. Y si hacer lo correcto provoca a su alrededor odio y persecución contra usted, el Padre Celestial siempre estará ahí a su lado pase lo que pase y Él sabe y siente todo su dolor y también el dolor de todos en la tierra. Y saber que me ha ayudado a darme cuenta que aquellos que ya no quieren ser amables conmigo por lo que yo creo, son personas que no deberían estar a mí alrededor en este momento porque ellos no están preparados para escuchar ni aceptar la verdad. No estoy diciendo que se olviden de ellos, sino que simplemente sean un ejemplo y no trate de obligarlos a nada, sólo siembre la semilla y ore para que ellos se sensibilicen ante la verdad y felicidad que usted desea compartir con ellos.
Les deseo a todos ustedes la mejor de las suertes con la elección que van a realizar y espero que se inclinen hacia el Padre Celestial como su guía, quien le dirá todo que usted necesita saber. Dejo todo esto para ustedes en el nombre de Jesucristo. Amén.
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