Conversión de Maria – Fidji

26 enero, 2009 por  
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Un Testimonio y Mi Testimonio de la Obra del Señor en Fiji

Por Maraia Sokia Weingarten

Este testimonio es para el Presidente Inosi Naga y para los maravillosos santos de Fiji quienes ahora están viviendo en el norte de California y participarán en la conmemoración maravillosa del cincuenta aniversario de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en las Islas Fiji. Los ojos se me llenan de lágrimas cuando pienso y recuerdo mis experiencias cuando era una niña de 6 años de edad y vivía en Suva, cuando nuestras vidas como miembros de la familia Sokia cambiarían eternamente gracias a esta iglesia “norteamericana”.

Mirando el pasado ahora 50 años después, sé que no fue coincidencia; esto es obra del Señor y Él sabía que había llegado el momento de que Fiji recibiera el evangelio. En 1953, mi tío Vuki Tokailagi (quien ahora vive en Nadi), era bibliotecario de la Biblioteca Suva City Library, cuando recogió un libro del basurero titulado “Qué es un mormón”, el cual llevó a mis padres. Mi padre quien era metodista y mi madre, católica, empezaron a leer el libro y se fascinaron por las ideas de las familias eternas, los grados de la gloria y todo el plan de salvación. La semilla se sembró. Mientras tanto, en Samoa, mi abuelo, John Lava Roberts y mi abuela Maraia estaban hablando con los misioneros mormones quienes se estaban preparando para venir a Fiji para abrir la misión Fiji. Era lógico que mis abuelos les dieran los nombres y la dirección de mis padres. En ese tiempo, la comunicación era muy escasa, por lo que mis padres Peni y Kini Sokia no tenían idea de esta referencia.

En Fiji, Kini tuvo un sueño con dos hombres blancos que venían a visitarla, sueño que para ella fue muy difícil de comprender ya que en ese tiempo los hombres británicos en Fiji no lucían como aquellos que ella vio en sus sueños. De más está decir que, en 1954, cuando los misioneros tocaron nuestra puerta en Flagstaff, nadie puede imaginar la gran sorpresa que se llevó mi madre cuando abrió la puerta. Después de las charlas de los misioneros y las reuniones con la familia Cecil y Loma Smith, los Faiokaus, los Belchers, los Ashleys y los Lobendhns, empezamos a sentir alguna conexión con esta nueva iglesia. No fue sino hasta 1956, cuando Peni Tokailagi Sokia, Joe, Mere y Maraia fueron bautizados en el río Lami, cerca de la casa de la familia Smith.

Tengo recuerdos cuando teníamos reuniones en la casa de los Smith en Lami, en el salón Matanisiga en Toorak, en un antiguo edificio en Desvouex Road en la colina donde ahora se encuentra la capilla Suva, el Masonic Hall cerca al parque Albert y finalmente después la capilla Suva. Recuerdo que iba a la primaria los jueves por la tarde en el antiguo edificio en Desvouex Road, donde Anna Joy Smith era la Directora de la Primaria y Jeannie Belcher era mi maestra de la Primaria. El primer grupo de la Primaria de niños fueron Brian y Elliott Lobendahn, el Vuetis, Joe, Mere y yo. Finalmente, Alice Ashley y Adi Loa Naufahu se convirtieron en Presidentas de la Primaria.

Otros recuerdos que tengo era cuando ayudaba a los misioneros mormones de construcción de Samoa, quienes vinieron a construir la capilla Suva. Algunos de ellos se relacionaban con mi abuelo Lava y nosotros lo ayudábamos a cocinar para ellos y a lavar su ropa. Entre los misioneros de construcción de los Estados Unidos estaban la familia Wilson, los Bigelows, los Walls y los Mendenhallas. Estas familias misioneras nos enseñaron la forma en que el evangelio se vive a diario.

Recuerdo que el Hermano Cecil Smith trabajó para la ciudad y trajo a algunas personas para sembrar bellas rosas en el jardín frontal de la capilla. La consagración de la capilla Suva fue un gran evento cuando el Presidente David O. McKay vino a consagrarla. La mayoría de los dignitarios de la iglesia se hospedaron en el Hotel Grand Pacific. En esos días, la vista desde la capilla de Suva con vista a la bahía de Suva era espectacular y las puestas de sol eran gloriosas. La iglesia era pequeña y multicultural en la naturaleza y todos nos sentíamos unidos y como una sola familia ya que éramos pocos. El número de misioneros fue incrementándose a seis y la obra misional progresaba lentamente. Recuerdo que Joe se fue a una misión de corto plazo a Lomalima, Lau con el élder Gibson. La familia Walter Smith tenía su pequeña rama en Taveuni. Finalmente, Kwong y Mereoni Yee recibió un grupo en Lautoka y la familia Phillip Lelo en Vatukoula.

El número de miembros en Suva se incrementó y otros Santos de los Últimos Días fueron: Finau, Ruby Lavulo, Manu Tupou, Bale y Falo Keil, Letiola Blake, Mary Powell, Gideon Dolo, Tomasi Tawake de Toorak, Daud Sahim, Ashok Dutta, Avid Hussein, MaryAnn Wright, Sarote Tolo, Breckterfields, Lily Croker, Sheffets, Tiva, Koto y Ruci Cavu, Lydia & Cheetah Emberson, Yvonne Giblin, Francis Vueti y familia, Kini Vitukawalu, Olivia Bitu, los Snows, Dhir, y los Mapas.

Los primeros misioneros fueron el élder Harris y su acompañante, el élder Singleton, el élder Markham quienes después regresaron a enseñar en LDS Tech., Blacker, Todd, Wacker, Grover McGees, Watkins, Lindholms, Oswalds y muchos otros quienes dieron mucho por los miembros de la iglesia. Los presidentes de las primeras misiones como la familia Sampsons, Stones, Coombs, Daltons y Grobergs allanaron el camino para los que vinieron después a trabajar mucho más por la obra.

En los primeros días, hubo momentos en los que no habían suficientes personas para cubrir todas las posiciones en la iglesia mientras tratábamos de organizarla. Recuerdo haber estado en la AMM y también fui la presidenta de la AMM porque no había suficientes personas para llamar a un líder. AMM era el nombre del Programa para Jóvenes Mujeres en ese tiempo. Lo más destacado fue cuando yo dirigí una reunión un martes por la noche en la que el élder Howard W. Hunter y élder Thomas S. Monson fueron nuestros invitados de la noche.

También, recuerdo cuando mi tía Emma Lobendahn fue la presidenta de la Sociedad de Socorro por muchos años. Ella me llamó para ser la maestra de la Sociedad de Socorro cuando tenía 16 años. Cuando recuerdo esos tiempos, creo que las hermanas eran muy tímidas para enseñar, porque el Hermano Anderson siempre asistía a las reuniones de la Sociedad de Socorro. Lo más resaltante de esas reuniones por la noche era después de la Sociedad de Socorro cuando todas las señoras socializaban entre ellas, culminando en un desafío de quien quería correr con la Hermana Breckterfield por todo el pasillo. Esos eran los buenos viejos tiempos. Además de esos momentos divertidos, los domingos, recuerdo que los jóvenes varones se divertían muchísimo llevando al Hermano Willy Finau en su silla de ruedas desde arriba hacia abajo en la pendiente trasera de la capilla como una manera habitual de entretenimiento. Esas eran nuestras experiencias que crearon lazos afectivos en ese tiempo.

Cuando era niña, asistía al Colegio Metodista Femenino de Annesley en donde una tía era la directora. Cuando estaba en octavo grado, recuerdo que me llamaron al frente de todo el colegio durante la formación de los lunes en la mañana y fui humillada por mi tía debido a que no asistía a sus clases de religión y porque asistía a la nueva iglesia norteamericana. Estoy segura de que Joe y Mere tenían suy parte de experiencias, pero desde el principio me di cuenta que ser parte de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días significaba que iba a ser diferente según mi compromiso al momento de mi bautismo. Fui aceptada en el entonces prestigioso y selectivo internado en el colegio Adi Cakobau, pero me retiré porque iba a extrañar todas mis reuniones y actividades de la iglesia si yo iba a Sawani. En otra ocasión, la misma tía encontró otra razón para humillarme en frente de mis compañeros y mis profesores, haciendo de mí un espectáculo, por haber rechazado esa oportunidad. Regresando a esos tiempos, no tengo absolutamente ningún remordimiento por las decisiones que tomé. El evangelio me enseñó desde muy temprano a ser honesta conmigo misma y que esto está entre el Señor y yo.

El primer colegio de primaria se abrió en la Iglesia Suva con nuestro hermano Maorí, Charles Mohi, como director. Blossom Mohi y Mama Sokia estaban siempre ahí ayudándolo con todas las tareas domésticas fuera del horario y en las actividades necesarias para atraer interés al colegio. Lo que yo recuerdo es que la Hermana Ram y Grace Taito estaban entre los primeros profesores. El número de miembros de la iglesia empezó a crecer a un ritmo más rápido que la década anterior.

El colegio de secundaria se abrió en el terreno de la Capilla Samabula, en 1976, con un ex misionero, Howard Wolfgram quien era el director. Algunos de los profesores eran Hiagi Wesley, Rejieli Mejieli, Sereima Qadriu, Ada Whippy y yo. El LDSTC abrió en Tamavua y otro en Maori, el hermano Grecory Tata vino a ayudarnos a organizar el programa musical para el colegio. La iglesia dio un gran salto de reconocimiento en la comunidad. En ese tiempo, cuando regresé a casa a enseñar, el programa de Seminarios e Institutos existía para ayudar a los miembros a edificar sus testimonios y a conocer más sobre la Iglesia. Joe y Inosi Naga hicieron un gran trabajo ayudando a las personas a comprender los principios del evangelio y las doctrinas de la iglesia con la asistencia de Beta como secretaria. Otro persona originaria de Nueva Zelanda, el Presidente Palmer, era el presidente de la misión en ese momento.

La creación de la misión Fiji fue un maravilloso recuerdo de que la obra del Señor cada vez crecía más. Otro hito que se logró fue cuando se realizó una Conferencia de Área en Fiji, en 1976, presidida por el Presidente Spencer W. Kimball. Los santos venían a Fiji y los alrededores de las islas del Pacífico de la misión. Esa fue una experiencia sorprendente porque tuve la oportunidad, junto con los miembros de prensa local y reporteros de periódicos locales, de escuchar al profeta durante una conferencia de prensa especial que hablaba sobre la misión de la Iglesia de Fiji. Fui asignada para cubrir los eventos de la conferencia para la revista Ensign.

El Programa de Basketball Bajo Techo fue otra posibilidad para que la Iglesia ganara reconocimiento en la comunidad, especialmente con todos nuestros élderes americanos como directores del programa. No es necesario decir que tenemos a Michael y Paul Whippy para continuar una tradición que ayudó a la mayoría de los jóvenes a permanecer más unidos como hermanos y hermanas en nuestra Sión de Fiji.

Otros miembros fieles que no he mencionado son los Maiwiriwiris, los Manuelis, los Rams, los Bukalases, los Ramas, los Vitinavulagis, Macawai y muchos, hay muchas más que no he mencionado sus nombres pero ustedes saben quiénes son y también todos aquellos que ahora están asistiendo a la Iglesia, todos dan muchísimo a los fieles maravillosos que condujeron a la Iglesia a lo que es hoy.

Salí para asistir a la Universidad de la Iglesia de Hawái en 1969 y nunca supe lo maravillosos que eran los misioneros, parejas, presidentes de misión, genealogistas, profesores y amigos que vinieron a Fiji para construir sobre el abundante legado de fe y amor que ha prevalecido en esas queridas islas. Estoy muy agradecida por sus contribuciones para ayudar a construir a Sión en Fiji. En 1989, cuando regresé por el funeral de mi hermano Simón, estaba conmovida de ver los rostros de muchos de los habitantes de Fiji en la congregación. Fue un testimonio para mí y sé que esta es la obra del Señor y nada iba a detenerla.

Al principio en Fiji, nos inspirábamos en las experiencias y fortalezas de los pioneros mormones de la Iglesia en Utah. No sabíamos mucho pero confiábamos en el Señor. Había conflictos y contención que amenazaban la obra, pero nos ayudaban quienes tenían fe. Recuerdo que en cada reunión de Ayuno y Testimonio, la hermana Ashley, la hermana Lobendahn y la Mama Sokia todos los meses daban sus testimonios y mucho de lo que decían era siempre lo mismo, siempre, siempre lo mismo y algo que ellas mencionaban en repetidas ocasiones era todos esperábamos que algún día en Fiji tuviéramos un templo mormón en Fiji para así poder hacer la obra del templo.

Estaba viviendo en Utah cuando el profeta Gordon B. Hinckley dio el anuncio de la construcción del Templo en Fiji y recuerdo que rompí en llanto porque recordé los deseos justificados de esas tres madres pioneras y también las oraciones de aquellos que vinieron después de ellas. El Señor vive y Él responde nuestras oraciones si seguimos en Su camino y si somos fieles hasta el fin. Este anuncio no vino sin una prueba. El adversario estaba consciente de cómo esto afectaría la manera en que los santos de Fiji vivían el evangelio. Hubo disturbios políticos y una serie de golpes, incluso el día de la dedicación.

Mis queridos hermanos y hermanas, como las palabras de la Hermana Sheri Dew: “Dios necesita un pueblo poderoso. Seamos como el Capitán Moroni y declaremos de qué lado estamos”. El mundo está lleno de obscenidades y actividades inmorales. Tomen coraje y defiendan lo que es correcto, ruego que el Señor los bendiga en sus esfuerzos a medida que se esfuerzan por guardar los mandamientos y ser parte del ejército de Dios, en hacer que su obra de rectitud siga avanzando. Estoy muy agradecida todos los días por ser miembro de Su Iglesia. Soy testigo de la verdad de todo lo declarado, en el nombre de nuestro amado Salvador Jesucristo, Amén.

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