Cómo suena Dios

Enero 26, 2009 by Delmy  
Filed under Relatos de conversión

Cómo suena Dios

Por Allison

Crecí sin una religión en particular; aunque mis padres estaban entre el Unitarianismo y la agnosis, mi madre ahora dice que ella es una atea. La historia de mi conversión empieza en julio de 1982 en El Cajón, fuera de San Diego, California, donde estaba pasando un tiempo con mis padres después del nacimiento de mi segundo hijo. Fue un tiempo horrible para mí, ya que su dios era el dinero y hacían todo lo posible por tratar de hacerme divorciar de mi esposo, quien se había quedado en Santa Cruz, California en la universidad mientras yo “visitaba” a mi familia en El Cajón. Si hubiéramos tenido conocimiento de la agenda de mis padres antes, nunca hubiéramos acordado que me quedara allí, pero había tenido dificultades después de dar a luz y ya que mi mamá era una enfermera, ésa parecía la mejor opción en ese momento. Si me hubiera sentido mejor, hubiera sospechado del hecho de que ellos insistieron en llevar todo el mobiliario que era mío o que hubiera conseguido a través de un préstamo a mi persona, con ellos a San Diego.

Terminé caminando al 7-Eleven (un establecimiento comercial) cada día para llamar y hablar con mi esposo acerca del momento difícil por el que estaba pasando –finalmente me di cuenta de que mis padres querían que dejara a mi esposo, que me quedara con ellos con mis dos hijos pequeños, e hiciera el trabajo del hogar para ellos y mis hermanas como una forma de pagar mi estadía. Fui tratada sin contemplaciones y a la vez mis hermanas estaban contentas, así que estaba en un constante estado de confusión y depresión. Cuando mi esposo vino a recogerme, después de saber sus planes e intenciones, le dijeron que consiguiera un trabajo en San Diego en una semana o de otro modo, saliera de mi vida para siempre. Se esforzó bastante pero nada era suficiente, y aun él dudaba de tratar de llevarme de regreso a Santa Cruz en su vieja camioneta pick-up internacional del año 54, porque el alternador le había estado dando problemas todo el camino de venida.

Me dijo que iba a averiguar el nombre del obispo mormón local e iba a hablar con él. Mi esposo era un miembro converso inactivo de la Iglesia Mormona en ese tiempo, y él había compartido un poquito de lo que había aprendido, así que le dije que lo hiciera. Cuando él regresó y dijo que el obispo había dicho que él no podía hacer mucho, pero que oraría por nosotros, no pensaba que eso nos ayudaría mucho. Por otro lado, el permanecer en casa de mis padres era inaceptable (y después averigüé que mi padre estaba enfermo mentalmente y estaba afectando a los otros miembros de mi familia en su conducta, tanto que toda la familia tomó su propio rumbo y mis padres se divorciaron. Tengo miedo de pensar qué nos habría pasado a mí y a mis hijos si hubiera escogido quedarme).

Así que empezamos el viaje a Santa Cruz en un ala y con una oración, con todas mis cosas que pude cargar en la parte trasera de la camioneta y mis dos hijos bien sujetos entre mi esposo y yo. Aún no habíamos salido de San Diego cuando empezamos a tener problemas con el alternador, y sentí desesperación. Habíamos avanzado hasta Del Mar, y luego nuestras luces empezaron a parpadear y se apagaron. La empujamos hasta el Restaurante Sambo que estaba abierto toda la noche. Mientras me sentaba hablando con mi esposo de nuestra situación, y el hecho de que él iba a tener que tratar de que un amigo nos enviara el dinero para el repuesto mientras él trabajaba toda la noche, sucedió el primer milagro.

Aun si hubiéramos tenido el dinero para ello, no podríamos haber permanecido en ningún hotel local de Del Mar porque las carreras de caballos los habían llenado, y no habían cuartos en ese lugar para nuestra pequeña familia. Una señora en la mesa detrás de mí se volteó y me dio un billete de cinco dólares. Cuando le pregunté su dirección para que le pudiera enviar el dinero cuando pudiera, ella dijo que no me preocupara por ello, pero que lo “pasara” a alguien más en necesidad (lo que he hecho varias veces desde entonces). Esos 5 dólares me permitieron quedarme con mis pequeños en una mesa toda la noche, porque pude mantenerme comprando un poquito de comida durante el tiempo que estuve allí para justificar nuestra permanencia en ese lugar. El segundo milagro fue que mi esposo pudo arreglar la camioneta y pudimos continuar la marcha, así que llegamos a Big Sur donde pudimos quedarnos con amigos por la noche, y luego viajamos hasta Santa Cruz al día siguiente. Todo esto me hizo pensar acerca de lo que el obispo dijo y empecé a creer en el poder de la oración.

Mis padres me enviaron una carta repudiándome no mucho después y sentí que estaba en el pico de la desesperación. Luego mi esposo sabiamente me dijo que necesitaba a la Sociedad de Socorro y que íbamos a ir a la Iglesia Mormona al día siguiente. Le dije que yo necesitaba más que una organización social y él me dijo que la Sociedad de Socorro lo era, pero que además me enseñarían como ¡hornear todo un pan de trigo! Pensé que valdría la pena tratar, ya que había estado buscando una iglesia hacía un tiempo, y sabía que necesitaba una, pero no había intentado con esta aún. Así que al día siguiente alistamos a los chicos con su mejor ropa y fuimos a la pequeña capilla en las montañas de Santa Cruz.

Mi último hijo, de dos meses de edad, estaba un poquito fastidiado, así que lo llevé a la guardería para mecerlo, donde habían parlantes para escuchar los servicios sacramentales. A medida que escuché al primer discursante, un hermano mayor, un hermoso sentimiento me invadió, y me sentí como si estuviera bañada en una luz dorada. Él no habló de nada extraordinario, pero lágrimas de gozo empezaron a surcar mi rostro mientras mecía a mi pequeño en la vieja silla mecedora que tenían allí. Sentí un testigo poderoso de que algo grandioso estaba sucediendo en esa Iglesia, y mientras observaba a los miembros pasando por los pasillos por un momento, noté que todos sus rostros parecían estar resplandeciendo. Supe que necesitaba averiguar más acerca de esta Iglesia, así que cuando dos jóvenes con camisas blancas se me acercaron (quienes parecían resplandecer más que el resto), tomé el libro que ellos me ofrecieron.

He leído la experiencia de Parley P. Pratt y sé cómo se sintió cuando él leyó el Libro de Mormón, porque yo he tenido una experiencia similar. Hice poco esa semana, excepto cuidar de mis hijos y leer ese libro, como una persona sedienta en el desierto a quien repentinamente se le da agua fresca y pura, o una persona hambrienta a la que se le da un gran banquete. Ya casi lo había terminado para el fin de semana e hice que los misioneros regresaran y me enseñaran cada noche. Mi razonamiento fue que este libro no podía haber sido escrito por un joven granjero con una educación de tercer grado, así que tenía que ser de un origen diferente al de un hombre. “Por sus frutos los conoceréis” pasó por mi mente, así que, basándome en lo que había visto de los miembros, decidí que era de Dios. Ya había decidido que el bautismo fuera el siguiente paso, después de leer el discurso de Alma en las aguas de Mormón, así que cuando los misioneros me preguntaron el jueves si había pensado en bautizarme, les respondí que sí, que estaba lista para ser bautizada esa noche. Ellos dijeron que los había tomado por sorpresa y que necesitaba una entrevista y tenían que alistar la pila bautismal, y me pidieron que el bautismo fuera el domingo.

Así que el domingo fue fijado para el bautismo, una semana complete después de que había ido por primera vez a la Iglesia. El sábado, estaba teniendo algunas dudas, preguntándome si habría sido demasiado apresurada, cuando repentinamente un tremendo sonido de trueno se escuchó sobre mi cabeza, de la nada. No había ni siquiera nubes en el cielo, ni lluvia ni otro trueno, sólo este fuerte sonido reverberando en nuestro departamento de estudiante en el segundo piso. Fue tan fuerte que mi esposo lo escuchó a muchas millas de mí, en el centro, y mi hijo el mayor, en ese entonces de dos años, vino corriendo con su carita pálida y me preguntó: “¿Mamá, así es como suena Dios?” Le dije que pensaba que sí y decidí interpretar que fue la advertencia que necesitaba de que debería, por cierto, continuar con mi bautismo.

Al día siguiente, subimos todos en la camioneta y nos dirigimos hacia la parte baja de la montaña a la autopista. A mitad del camino de bajada, la vieja camioneta, cuya aguja de combustible no funcionaba, se quedó sin combustible. También, mi esposo se dio cuenta de que había dejado su billetera en el departamento, así que tomó a mi hijo mayor, dejándome con el bebé, y empezó a caminar de regreso al departamento. Estaba segura de que íbamos a llegar tarde al bautismo, pero decidí ejercitar mi nueva fe y orar al Señor, pidiéndole que si Él realmente deseaba que me bautizara en esta Iglesia, que por favor nos ayudara. Un corto rato después mi esposo apareció con mi hijo y con combustible. Alguien los había llevado, había escuchado que me iba a bautizar (sin importar en qué iglesia fuera), y ¿llevó a mi esposo al departamento a recoger su billetera, luego a la estación de combustible y luego a la camioneta! Decidí que no necesitaba mayores pruebas de la veracidad de esta Iglesia y una hora más tarde estaba entrando a las aguas del bautismo. En verdad sentí el espíritu de mi recientemente fallecida abuela mientras iba a la capilla, como si ella estuviera sentada un poco más atrás y por encima de mí. Posteriormente me aseguré de realizar la obra del templo por ella, y me preguntaba si ella habría estado también ayudándome a continuar a pesar de todas mis pruebas, cuidando de mí como una misión especial del Señor.

Aún soy una miembro firme y fiel miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, casi 24 años más tarde, y he criado a todos mis hijos en el evangelio, Mi testimonio crece más día a día, y aún siento que esa decisión de bautizarme fue lo mejor que hice. Uno de mis hijos, el que era un bebé al momento de mi conversión, salió a una misión a la Misión de California Fresno, a la cual nuestro barrio en Santa Cruz era parte en ese tiempo, así que siento que hemos devuelto las bendiciones a esa zona.

Digo todo esto en el nombre de Jesucristo, amén.

Para hallar mayor información
Creenciasmormonas.com
Misioneros mormones

One Response to “Cómo suena Dios”

  1. BUENO ESTE TEMA SE TRATA ALGO RELACIONADO A UNA ESCRITURA
    “CUIDAD NUESTRO CUERPO”
    ¡HABER!
    ESTA ESCRITURA SE ENCUENTRA EN 1 COR:6:12-20
    EN LO9 CUAL NOS DA UNA REFLEXIÓN MUY INTERESANTE SE REFIERE A QUE DEBEMOS SER CASTOS CUANDO ANDAMOS EN LOS CAMINOS DE DIOS , DIGNOS EN CUERPO Y ALMA ¡DIGAMOS! ESTO SIGNIFICA QUE TAMBIEN NUESTRO DEBER ES CUIDAR NUESTRO CUERPO ES DECIR COMO ABSTENIENDONOS DE TODO PECADO QUE QUIERA HACERNOS CAER EN TENTACIÓN ESTA ESCRITURA TAMBIEN NOS DA A ENTENDER QUE NOSOTROS TENEMOS QUE AFIRMARNOS MÁS EN JESUCRISTO ES DECIR ESFORZARNOS CADA DIA POR CUMPLIR SUS MANDAMIENTOS Y POR SEGUIR SU IGLESIA COMO ES LA IGLESIA DE JESUCRISTO DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DIAS ES DECIR SIEMPRE ACUDIENDO A LAS REUNIONES SACRAMENTALES PARA ASÍ PODER CADA DIA ALIMENTAR NUESTRO ESPIRITU CADA DIA MÁS

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