La Trinidad: Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo
15 octubre, 2008 por admin
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La Trinidad: Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo
El primer Artículo de Fe de la Iglesia Mormona es muy definitivo y bastante simple al afirmar nuestra creencia con respecto a Dios: Creemos en Dios, el eterno Padre, y en su Hijo, Jesucristo y en el Espíritu Santo.
- Dios nuestro Padre Celestial
Los mormones creen que Dios es todopoderoso (Alma 26:35, pág. 275), omnisciente (Mosíah 4:9 pág. 155), y que todas las personas pueden sentir Su Espíritu, en cualquier lugar (Salmos 139:7-12). Él posee una perfección absoluta de todos los atributos buenos; Él es piadoso, cariñoso, paciente, sincero y no nos juzga por nuestra apariencia exterior. Aunque los miembros de la Iglesia acudan a las escrituras para recibir información instructiva sobre Dios, su conocimiento primario con respecto a Su naturaleza proviene de las revelaciones dadas a los profetas modernos como José Smith. En una visión, José Smith vio a Dios el Padre y a su Hijo, Jesucristo. Ellos son personajes individuales, pero ambos unidos en perfección y propósito.
Los mormones adoran al Padre Celestial como Dios, le oran en el nombre de Su Hijo, Jesucristo, y reconocen que somos literalmente sus hijos (Hechos 17:29). Él nos ama y nos conoce personalmente a cada uno de nosotros. En 1995, la Iglesia Mormona emitió la presente declaración:
Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales, y, como tales, cada uno tiene una naturaleza y destino divino.
Dios ha creado esta tierra y este universo para nosotros para que pudiéramos venir y ganar experiencias que nos permitieran llegar a ser perfectos, tal como Él es perfecto (véase Mateo 5:48). Los mormones llaman a este plan el Plan de Salvación.
- Jesucristo, nuestro Redentor y Salvador
Jesucristo es la figura central de la doctrina y la práctica de la Iglesia Mormona. Su nombre se incluye en el verdadero nombre de la Iglesia Mormona, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Cada mormón tiene un testimonio firme que Jesucristo es el Salvador y el Redentor del mundo y que sólo por medio de Su sacrificio en el Jardín de Getsemaní y en la cruz, el hombre mortal puede salvarse en el Reino de Dios. Jesucristo y Sus enseñanzas son el enfoque central de toda escritura Mormona: el Libro de Mormón, La Santa Biblia, Doctrina y Convenios (que contiene las palabras de Jesucristo a Profetas modernos) y La Perla de Gran Precio.
En Enero del 2000, Gordon B. Hinckley, Presidente Mormón, y el Quórum de los Doce Apóstoles de la Iglesia Mormona publicaron El Cristo Viviente como su testimonio al mundo acerca de Jesucristo.
Damos testimonio, en calidad de Sus apóstoles debidamente ordenados, de que Jesús es el Cristo Viviente, el inmortal Hijo de Dios. Él es el gran Rey Emanuel, que hoy está a la diestra de Su Padre. Él es la luz, la vida y la esperanza del mundo. Su camino es el sendero que lleva a la felicidad en esta vida y a la vida eterna en el mundo venidero.
Jesucristo es el Hijo de Dios y la única persona perfecta que haya existido jamás. Antes de que viniera a la tierra, Él gobernó como Jehová. En la tierra, Su Padre fue Dios y Su madre, María. (Véase Lucas 1:32, 35). Él vivió y enseñó en Judea, y “fue a hacer el bien” (Hechos 10:38). Él sufrió por nuestros pecados, murió en la cruz y resucitó al tercer día. Los mormones se refieren a este acontecimiento central como la Expiación, o (en inglés “at-one-ment”) la reconciliación entre el género humano y Dios.
Las enseñanzas y revelaciones de Jesucristo a Sus profetas forman el núcleo de la doctrina y la práctica mormona. Él es el ejemplo perfecto para toda la humanidad. A través de Su Expiación, toda la humanidad también resucitará, y será juzgada de acuerdo a sus actos. Aquellos que se hayan arrepentido de sus pecados y hayan seguido a Cristo bautizándose y “haciendo el bien” serán salvos de sus pecados por la Expiación y heredarán la Vida Eterna en el Reino de Dios.
Jesucristo es la cabeza de la Iglesia Mormona y Él la dirige a través de Sus Profetas. Hoy en día, Él está a la derecha de Su Padre (Hechos 7:55) como nuestro Salvador, nuestro Redentor, nuestro Abogado ante el Padre, y nuestro Juez. Él vendrá otra vez al fin del mundo para iniciar el Milenio, mil años de rectitud en los que Él reinará personalmente en la tierra como el Rey de Reyes.
- El Espíritu Santo
El Espíritu Santo, también denominado Santo Espíritu o simplemente Espíritu, es el tercer personaje individual que reina como parte de la Trinidad. Las revelaciones que José Smith recibió explican que el Espíritu Santo es diferente a Dios y Jesús porque a diferencia de ellos, él no tiene un cuerpo:
El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino es un personaje de Espíritu. De no ser así, el Espíritu Santo no podría morar en nosotros (D. y C. 130:22).
El Espíritu Santo puede tener una gran influencia en la vida de una persona, siempre que lleve una vida digna de tener al Espíritu Santo como su compañero. Los mormones creen que el Espíritu Santo no se quedará con una persona que es impura o indigna (véase 1 Corintios 3:16-17). El Espíritu Santo realiza cuatro funciones muy importantes en las vidas de las personas:
- Santificador. Porque ninguna cosa impura puede estar en la presencia de Dios, la salvación se centra en la santificación; las personas se salvan a medida que el Espíritu las santifica. El ser santificado significa llegar a ser limpio y puro, convertirse en una nueva criatura en Cristo.
- Revelador. José Smith enseñó que “ningún hombre recibe al Espíritu Santo sin recibir las revelaciones” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pg. 328). Siempre que el Espíritu Santo esté contigo, recibirás revelaciones (véase Doctrina y Convenios 8:2-3). El Espíritu Santo es el medio a través del cual Dios nos revela Su voluntad y Su amor por nosotros.
- Maestro. Todos aquellos que serán salvos, deben recibir las enseñanzas del Espíritu Santo. Las cosas espirituales sólo pueden comprenderse cuando es el Espíritu quien enseña y se aprende de él (véase Doctrina y Convenios 50:11-24). Jesús se llenó del poder del Espíritu Santo (Lucas 4:1) y esto lo hizo un gran Maestro. El Padre dio a Jesús sin medidas el Espíritu (Juan 3:34). Los ángeles también hablan por el poder del Espíritu Santo (1 Nefi 32:3, pág. 115).
- Consolador: La verdad espiritual siempre está acompañada de paz y consuelo del Espíritu. La función del Espíritu Santo es liberar las cargas, dar valor, fortalecer la fe, otorgar consuelo y prolongar la esperanza.
El Espíritu Santo es tal poder alentador y fuente necesaria de conocimiento del evangelio que el tener Su compañía constante e influencia es el regalo más grande que una persona puede recibir en la mortalidad. Debido a la importancia del Espíritu Santo en el plan de salvación de Dios, Jesús enseñó que ningún pecado es mayor que el pecado contra del Espíritu Santo (Mateo 12:31-32). Una revelación de los últimos días explica que “la blasfemia contra el Espíritu Santo, que no será perdonada en el mundo ni fuera del mundo, consiste en cometer homicidio en el que se vierta sangre inocente, y en asentir a mi muerte después de haber recibido mi nuevo y sempiterno convenio, dice el Señor Dios” (Doctrina y Convenios 132:27).
Según la GEE (la guía de estudio para las escrituras, en la palabra Blasfemar, Blasfemia… dice:)
…La blasfemia contra el Espíritu Santo, consiste en negar deliberadamente a Cristo después de haber recibido un conocimiento perfecto de Él por medio del Espiritu, constituye, en efecto, el pecado imperdonable (Mateo 12:31-32;Mar.3:28-29,DyC.132:27

