Profetas antiguos y modernos

15 octubre, 2008 por  
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Profetas antiguos y modernos

Los mormones creen en los profetas, tanto antiguos como modernos.  Esta creencia está relacionada con la creencia de que Dios tiene interés en hablar con el hombre, y que lo hace a través de los profetas que Él elige.  La Biblia contiene un registro de los tratos de Dios con los profetas en aquellos días, y la escritura moderna contiene un registro de los tratos de Dios con los profetas en los días modernos.  Los mormones creen que los cielos no se cerraron después del registro bíblico, y que Él todavía habla a sus hijos hoy, al igual que en los antiguos días.

La mayoría de personas cree que un profeta es alguien que dice el futuro, pero esto es sólo una parte de la misión de un profeta y ni siquiera la parte más importante.  La palabra profeta puede significar un par de cosas diferentes.  Según el Libro del Apocalipsis, “el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía” (Ap. 19:10).  Esto significa que cualquier persona que tenga un testimonio de Jesús como Salvador y Redentor es un profeta.  El deber más importante de un profeta es enseñar y dar testimonio de Jesucristo.

La Biblia contiene las palabras de los profetas según fueron inspiradas por el Espíritu Santo (Véase 2Pedro 1:20-21).  El apóstol Pedro explica cómo Dios llama a los profetas a ser testigos y enseñar Su mensaje a los demás:

Nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero.  A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano Hechos 10:39-41).

Según Pedro, Dios “nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos” (Hechos 10:42).  Cuando el pueblo oye las palabras de los profetas, el Espíritu Santo confirma la veracidad de este mensaje (véase Hechos 10:44).  Una vez que el Espíritu Santo testifica que las palabras de los profetas son verdaderas, los profetas nos invitan a seguir a Jesús mediante el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos.

Dios siempre ha llamado profetas.  El profeta Amós escribió que “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).  Pablo nos dice que “a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas” (1 Cor. 12:28).  Los apóstoles son también profetas ya que ellos enseñan acerca de Jesucristo.  Los apóstoles son los profetas que Dios pone a la cabeza de su Iglesia.  Ellos revelan la palabra de Dios.  Al igual que los escritos de los antiguos profetas se convirtieron en escrituras, las palabras de los profetas modernos se convierten en escritura. Doctrina y Convenios explica:

Y lo que hablen cuando sean inspirados por el Espíritu Santo será Escritura, será la voluntad del Señor, será la intención del Señor, será la palabra del Señor, será la voz             del Señor y el poder de Dios para salvación. (DyC 68:4, véase también 2 Pedro 20-21).

José Smith y los profetas modernos

El primer profeta de nuestro tiempo fue Joseph Smith.  José nació el 23 de diciembre de 1805.  Al igual que los jóvenes que crecían en Nueva York, fue perturbado por los conflictos y las diferencias entre las distintas denominaciones de su época.  Describió sus sentimientos así:

Durante estos días de tanta agitación, invadieron mi mente una seria reflexión y gran inquietud; pero no obstante la intensidad de mis sentimientos, que a menudo eran punzantes, me conservé apartado de todos estos grupos, aunque concurría a sus respectivas reuniones cada vez que la ocasión me lo permitía. Con el transcurso del tiempo llegué a inclinarme un tanto a la secta metodista, y sentí cierto deseo de unirme a ella, pero eran tan grandes la confusión y la contención entre las diferentes denominaciones, que era imposible que una persona tan joven como yo, y sin ninguna experiencia en cuanto a los hombres y las cosas, llegase a una determinación precisa sobre quién tenía razón y quién no.

En medio de esta guerra de palabras y tumulto de opiniones, a menudo me decía a mí mismo: ¿Qué se puede hacer? ¿Cuál de todos estos grupos tiene razón; o están todos en error? Si uno de ellos es verdadero, ¿cuál es, y cómo podré saberlo? (José Smith – Historia 1:8, 10)

José describe la forma en que a menudo miraba las estrellas y reflexionaba acerca de Dios.  Él sabía que Dios vivía y que Jesucristo era el Salvador, pero escuchaba tantas enseñanzas conflictivas, que no podía descubrir quién tenía razón o quién estaba equivocado.  Por último, comenzó a estudiar la Biblia.  Un día, leyó en Santiago 1:5, que dice:

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

Él sabía que podía pedir a Dios y no sería reprochado, lo que significa regañado.  De esta experiencia dijo:

Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión, el mío. Pareció introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi corazón. Lo medité repetidas veces, sabiendo que si alguien necesitaba sabiduría de Dios, esa persona era yo; porque no sabía qué hacer, y a menos que obtuviera mayor conocimiento del que hasta entonces tenía, jamás llegaría a saber; porque los maestros religiosos de las diferentes sectas entendían los mismos pasajes de las Escrituras de un modo tan distinto, que destruían toda esperanza de resolver el problema recurriendo a la Biblia. Finalmente llegué a la conclusión de que tendría que permanecer en tinieblas y confusión, o de lo contrario, hacer lo que Santiago aconsejaba, esto es, recurrir a Dios. Al fin tomé la determinación de “pedir a Dios”, habiendo decidido que si él daba sabiduría a quienes carecían de ella, y la impartía abundantemente y sin reprochar, yo podría intentarlo  (José Smith-Historia 1:12-13).

Algún tiempo después se retiró a orar a un bosque cercano a su casa en Palmyra, Nueva York.  Oró en voz alta y primero sintió algo tratando de detenerlo, pero reuniendo toda su fuerza, él continuó.  José Smith dijo:

Precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí. No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo! José Smith-Historia 1:16-17).

En ese momento, José Smith tuvo una visión de Dios y de Jesucristo.  Jesús le dijo que sus pecados fueron perdonados y que Dios no quería que se una a alguna de las iglesias existentes.  Después, José supo que sería llamado a ser un profeta como Moisés, Isaías, Juan el Bautista o Pablo.

Algún tiempo después, cuando se encontraba nuevamente orando, se le apareció un ángel y le dijo que un libro escrito sobre planchas estaba enterrado en una colina cercana.  Después de unos años, el ángel apareció de nuevo y le dio los registros.  A partir de este registro, utilizando el poder de la inspiración de Dios, tradujo el Libro de Mormón, de donde se origina el sobrenombre de los mormones.  El Libro de Mormón es un registro antiguo de la historia de algunos habitantes de las antiguas Américas.

Desde el momento en que el Libro de Mormón fue publicado en 1829 hasta la hora de su muerte en 1844, José Smith dirigió la Iglesia Mormona como Profeta de Dios. Durante su corta vida, el profeta José estableció ciudades, produjo volúmenes de escrituras y envió misioneros a todo el mundo.  Estuvo involucrado en la construcción de templos, sirvió como alcalde de Nauvoo, Illinois e incluso fue un candidato a la presidencia de los Estados Unidos.

Definitivamente fue una figura polémica en la historia de América.  Debido a que desafió a los credos establecidos, atrajo mucha persecución.  El 27 de junio de 1844, mientras se encontraba en la prisión de Cartago, José Smith y su hermano Hyrum fueron asesinados por una turba compuesta de hombres con rostros pintados de negro.  Fue sucedido por el profeta Brigham Young.

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