La familia en el plan de Dios
28 octubre, 2008 por admin
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La familia en el Plan de Dios
Nosotros, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, solemnemente proclamamos que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos.
Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos. El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna.
En la vida premortal, los hijos y las hijas espirituales de Dios lo conocieron y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por el cual obtendrían un cuerpo físico y ganarían experiencias terrenales para progresar hacia la perfección y finalmente cumplir su destino divino como herederos de la vida eterna. El plan divino de felicidad permite que las relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro. Las ordenanzas y los convenios sagrados disponibles en los santos templos permiten que las personas regresen a la presencia de Dios y que las familias sean unidas eternamente. (La Familia: Una Proclamación para el Mundo, 1995)
Las familias son la unidad central de la sociedad y de la Iglesia Mormona. El matrimonio y la crianza de hijos son mandamientos de Dios para toda la humanidad. El Seño mandó a Adán y Eva a tener una familia (véase Génesis1:28). Ese mandamiento está todavía vigente.
El matrimonio entre un hombre y una mujer es esencial para nuestra felicidad en esta vida. Es en el hogar que aprendemos nuestras primeras lecciones de moralidad, acerca de Dios, y cómo ser buenos miembros de la sociedad. De todas las relaciones, el matrimonio y las relaciones familiares son las más duraderas y pueden perdurar por todo el tiempo hasta la eternidad.
Nuestras familias sobre la tierra deberían ser un reflejo de la familia divina de la cual todos somos parte. Nosotros somos todos hijos de padres divinos que nos aman y nos han dado esta tierra sobre la cual podemos crecer y desarrollarnos. Nuestras familias de igual modo se deben basar sobre el amor y el cuidarnos el uno al otro. La Iglesia Mormona provee muchos recursos para ayudar a los cónyuges y a las familias a fortalecerse. La proclamación citada anteriormente además nos enseña que,
El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. “He aquí, herencia de Jehová son los hijos” (Salmos 127:3) Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amarse y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones.
La familia es ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno. Los hijos tienen el derecho de nacer dentro de los lazos del matrimonio, y de ser criados por un padre y una madre que honran sus promesas matrimoniales con fidelidad completa. Hay más posibilidades de lograr la felicidad en la vida familiar cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo.
Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes. Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente. Las incapacidades físicas, la muerte u otras circunstancias pueden requerir una adaptación individual. Otros familiares deben ayudar cuando sea necesario.
Las familias pueden estar juntas para siempre
Una frase que se escucha comúnmente a los mormones es “Las familias pueden estar juntas para siempre”. Mediante el poder del Santo Sacerdocio, un esposo y esposa se pueden casar por tiempo y eternidad en los templos. Los mormones se refieren a esto como un sellamiento, o un matrimonio eterno.
Debemos también fortalecer a nuestras familias para prepararlos para esta vida y para la vida eternal. Un líder mormón ha dicho que el trabajo más importante que cualquiera de nosotros puede hacer es dentro de las paredes de nuestro propio hogar. La vida familiar debe ser una parte importante de nuestras vidas. Se anima a los miembros de la Iglesia Mormona a que separen tiempo especial dedicado a fortalecer las relaciones familiares. La Noche de Hogar es un programa alentado por la Iglesia en el cual las familias dedican por lo menos una noche a la semana, generalmente el lunes, para pasar tiempo juntos. Durante las noches de hogar, los padres y los hijos deben estudiar juntos el evangelio, discutir otros temas importantes como la preparación para emergencias o aún temas culturales como historia o música. Los misioneros pueden ayudar a enseñarle cómo tener su propia noche de hogar.
Las familias también deben tratar de hallar otras oportunidades durante la semana para reunirse. La oración familiar es una parte importante de tener una familia fuerte y cercana. Los esposos y las esposas deben orar juntos regularmente. Las familias también pueden estudiar juntos las escrituras diariamente. Todas estas son excelentes oportunidades de enseñanza para acercar a la familia y enseñar a los hijos valores y creencias importantes.
A través de la oración, el estudio del evangelio, las noches de hogar y las salidas familiares, ya sea a acampar, visitar un museo, viajar por el país o sólo tener un paseo en el parque de la localidad, los hijos y padres pueden vincularse y se pueden compartir lecciones. Como padres, ustedes tienen sabiduría por su experiencia que sus hijos necesitan escuchar y los hijos, aunque no siempre lo admitan, desean ser guiados a través de las pruebas que acarrea el crecer.

