Reflexiones sobre las bendiciones del sacerdocio mormón
26 mayo, 2011 por admin
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Por Jessica.
Una bendición del sacerdocio para mí es mejor descrita como la fuerza en el menor contacto, un susurro muy alto para ignorar, la voz del Dios a través de los labios de su hijo digno.
En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, los hombres son capaces de obtener un cierto derecho de poder y autoridad llamado el Sacerdocio. Cuando llegan a cierta edad y han cumplido con ciertos requisitos, se les otorga este derecho, para convertirse en un mensajero (o portavoz) para Dios el Padre Eterno. Hay dos niveles del Sacerdocio, de mayor a menor, ellos son el Sacerdocio Aarónico y el Sacerdocio de Melquisedec.
Hay diferentes niveles y ordenaciones en cada uno, que se explican con más detalle en otros artículos. El sacerdocio de Melquisedec es del que yo voy a hablar. A fin de dar una bendición del sacerdocio, los hombres deben haber obtenido esta autoridad.
Las bendiciones del sacerdocio han influido en mi vida de más maneras de las que puedo expresar a nadie. Desde la edad de siete años a la edad de veinte años, he sufrido ataques de pánico muy intensos que se desencadenaron con mucha facilidad. Mis ataques me impidieron hacer muchas cosas que quería hacer o ver, porque tenía miedo de que se tocara el tema del muerte o la eternidad (desencadenantes de un ataque de pánico – miedo a lo desconocido, o ilimitado) y me volvería a pasar. Me salía del cine, me negaba a ir a la iglesia a veces, me salía de las clases, e incluso durante conversaciones con mi familia.
Ante el temor de que había algo mal en mí, yo no les dije a mis padres acerca de estos ataques hasta que tenía once o doce años. Ellos siempre se habían preguntado por qué me salía del cine o por qué de vez en cuando empezaba a llorar, o por qué estaba levantada a medianoche. Una vez que mi padre se enteró de mis ataques, comenzó a ayudarme a controlarlos y a ayudarme con ellos. Mi padre es un gran y digno hombre de la Iglesia. Él tiene un fuerte testimonio y se le había otorgado el poder del Sacerdocio de Melquisedec. Recuerdo que en mi infancia, había muchas veces cuando tuve un ataque de pánico, que no podía calmarme. En esos momentos, mi papá me sentaba con mucha suavidad y me daba una Bendición del Sacerdocio.
Una Bendición del Sacerdocio se da a través de la imposición de manos sobre la cabeza del la persona que necesita sanación o consuelo. Es una manera en que nuestro Padre Celestial se puede comunicar directamente con nosotros cuando sea necesario. Puede ser una bendición para la salud, la paz, o como guía. Las que mi padre me daba en las noches oscuras y temblorosas, cuando mi cuerpo se negaba a dejar de moverse y mi corazón no latía a ningún ritmo sino uno rápido, fueron bendiciones de paz. Al segundo que mi padre ponía gentilmente sus manos sobre mi cabeza, sentía una oleada de paz a través de mi cuerpo y me dormía bien el resto de la noche.
A través de los años, él me daba bendiciones periódicas, haciéndome saber que mis ataques están ahí por una razón y cuanto más aprendía de ellos, mejor me ponía. Por último, con las bendiciones del sacerdocio de mi padre y mi fe en su autoridad y el poder de Dios, comprendí el mensaje de que estaba siendo enseñada y he permanecido en calma mientras duermo. Aunque, en momentos de estrés, tengo ataques leves. Pero cuando eso ocurre, yo cierro los ojos, respiro profundamente y recuerdo las manos cálidas de mi padre en mi cabeza–su amor y el amor de Dios corriendo por mi cuerpo, haciendo que mi alma esté en paz.
BAJO LA UNCIÓN DE DIOS, EN LA IGLESIA VERDADERA
“Y los élderes de la Iglesia, dos o más, serán llamados y orarán por ellos y les impondrán las manos en mi nombre; y si murieren, morirán para mí, y si vivieren, vivirán para mí”. DyC 42:44 (Doctrina y Convenios, una Escritura canónica de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).
El texto anterior, que se refiere a la oración que debe realizarse por los enfermos, y que guarda relación con la enseñanza bíblica de Santiago 5:14-15, nos habla de la autoridad del sacerdocio y de la Iglesia, como así también de la importancia de ser miembro de la verdadera Iglesia de Jesucristo, donde el sacerdocio ha sido plenamente restaurado y restablecido por el Señor en nuestros días.
La oración hecha a favor de los enfermos, es tan solo un ejemplo de la importancia del sacerdocio, desde siempre.
Aarón, y sacerdotes que ejercían su influencia sobre el pueblo de Israel, eran ungidos con aceite por los profetas del Señor, a los fines de recibir la autoridad y quedar facultados para ejercer su ministerio.
Las santas vestiduras con los cuales oficiaban, simbolizaban también su santa conducta y tipificaban la majestad de Dios.
En el Antiguo Testamento, el efod era la parte exterior de la vestidura del sumo sacerdote. Su adorno principal era el pectoral, donde estaba grabado el nombre de cada tribu en una piedra preciosa fijada en el mismo.
Sin importar cuán pobre e insignificante fuera para el mundo una tribu, tenía su piedra preciosa en el pectoral. Ese es el valor que los Santos de los Últimos Días tienen para Cristo, sin importar el valor que les confiera el mundo.
Allí, en ese pectoral, estaban también el Urim y el Tumim, las mismas piedras que fueron entregadas al profeta José Smith cuando fue elegido como instrumento para restaurar la Iglesia y la plena autoridad del sacerdocio sobre la tierra.
Sin la autoridad del sacerdocio no puede haber conocimiento de Dios, porque el sacerdocio es la administración y la llave del conocimiento de Dios. El sacerdocio es la autoridad que el hombre recibe de Dios para obrar en Su Nombre.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia Mormona), ha recibido la plenitud del sacerdocio sobre la tierra, para obrar a favor de los vivos y de los muertos.
Las llaves del sacerdocio son el poder que dirige su correcto ejercicio, y solamente una persona por vez es poseedor de la plenitud de estas llaves. Esa persona es el Presidente y Profeta de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Sin embargo, obtener los beneficios de la plenitud del sacerdocio, no impone la necesidad de ser Presidente de la Iglesia, ya que esta bendición se recibe por la obediencia. El Señor ha prometido para éstos, hacerlos iguales en poder, fuerza y dominio.
Obedeciendo los principios que enseña la Iglesia de Jesucristo (SUD), escuchando y obedeciendo la voz de sus profetas, nos colocamos bajo la unción de Dios y en el camino de la salvación.

